En el renacer de la China postcovid parece que queda atrás el susto de una economía que se contrajo un 6,8% en el primer trimestre del año, la primera caída desde el final de la Revolución Cultural en 1976. Los estrictos bloqueos para frenar el coronavirus dejaron temblando a la segunda potencia mundial. La fábrica del mundo se paró. Tanto que, por primera vez en los últimos 29 años, ningún líder del Partido Comunista Chino se atrevió a fijar un objetivo de crecimiento económico específico en la reunión anual del Parlamento.

El escenario actual, en cambio, es completamente distinto. En este entrado mes de octubre, las cifras que publica la Oficina Nacional de Estadísticas (NBS) del país asiático presumen de aceleración en su recuperación económica: el PIB de China creció un 4,9% en el tercer trimestre del año (de julio a septiembre) en comparación con el mismo periodo de 2019. El ritmo fue mejor que el 3,2% del segundo trimestre. Aunque la cifra aún es inferior al 5,2% que auspiciaban los analistas. Si analizamos el cómputo de los primeros nueve meses, la segunda economía más grande del mundo creció un 0,7%.

Hace meses que China asegura que la pandemia ya está controlada dentro de sus fronteras. La normalidad dentro del gigante asiático se parece bastante a la que había antes de la llegada del coronavirus. Incluso su economía es la única que crece en comparación con la del resto de las potencias del G-20. La primera nación golpeada por la Covid-19 ya dibuja la ansiada recuperación en V. El Fondo Monetario Internacional pronosticó una expansión del 1,9% para China durante todo el año, la única economía importante que se espera que registre un crecimiento en 2020.

Los datos publicados esta mañana por la NBS señalan con optimismo que las ventas minoristas también están mejorando: un 0,9% en el tercer trimestre con respecto al año anterior, con un aumento del 3,3% solo en septiembre. La tasa de paro también está bajando: 5,4% en septiembre, frente al 5,6% de agosto. Según las cifras oficiales, se han creado en los ocho primeros meses del año 7,81 millones de nuevos empleos urbanos. Aunque en estas cifras no se incluye a la población de las comunidades rurales ni a muchos de los 291 millones de migrantes con bajos salarios que hay en el país. Y falta por colocar en el mercado laboral a la mayoría de 8,7 millones de estudiantes que se han graduado estos meses.

Si seguimos con los datos publicados esta mañana: la producción industrial aumentó un 6,9% después de un crecimiento del 5,6% en agosto, y la inversión en activos fijos subió un 0,8% en los primeros nueve meses respecto al mismo periodo de 2019. Las cifras comerciales de septiembre también apuntan a una fuerte recuperación, con un crecimiento de las exportaciones del 9,9% y del 13,2% de las importaciones en comparación con septiembre del año pasado.

Para reiniciar la locomotora económica, Pekín empezó en abril a implementar una serie de medidas con tres propósitos claros: dar apoyo a las empresas para evitar quiebras e impagos, compensar las pérdidas de ingresos de las pymes y estimular la actividad local. El Partido Comunista Chino puso en marcha medidas fiscales por valor de más de 322.000 millones de euros, entre las que se incluyeron recortar las cargas fiscales para fomentar la inversión y el consumo, o aliviar los pagos a la Seguridad Social por parte de los empresarios.

El Gobierno también redujo las ratios de reservas requeridos a las entidades financieras, así como conceder 360.000 millones en créditos sin intereses para pequeñas empresas; 129.000 millones del Banco Popular de China a otras entidades medianas y pequeñas para impulsar los préstamos a las pymes y 857 millones en subsidios para mitigar los impactos inducidos por el aumento de los precios de productos básicos durante la crisis del coronavirus.

Desde las oficinas de Pekín además presumen estos días de la explosión del turismo interno después de los ocho días festivos por las vacaciones del Día Nacional que se juntaron con el Festival del Medio Otoño. El Ministerio de Cultura y Turismo dijo que hubo 637 millones de turistas nacionales. Los ingresos ascendieron a 466.560 millones de yuanes (58.850 millones de euros). Eso sí, la cifra es más baja comparada con los 650.000 millones de yuanes del año anterior. La recuperación sobre todo se notó en las aerolíneas que, según datos de la Administración de Aviación Civil de China, ofrecieron 109.856 vuelos del 1 al 8 de octubre, un 13% más que en el mismo período de 2019.

En las vacaciones también se disparó el consumo casero, que es la fuente del 57,8% de la riqueza del país: al no salir de las fronteras, los chinos compran en casa lo que antes compraban en Japón y en Europa.